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Accidente Aéreo

27-03-2015

Es muy difícil hacer hipótesis en torno a “que pudieron pensar los fallecidos del avión de Germanwings, los pasajeros…., los tripulantes y el personal de cabina….en esos terribles “8 minutos” porque nadie en las mismas circunstancias ha sobrevivido después para contarlo.

 

Probablemente la mayor angustia la sufrieron aquellos que tenían casi la certeza que el avión se estrellaba: los pilotos del avión; pues ellos eran los que disponían posiblemente de la información que hoy todos nos preguntamos: qué es lo que realmente pasó y preveían el desenlace. Unos verdaderos héroes, pues como tantos pilotos con una experiencia de más de 10 años,  entrenados para conservar la calma y mantener la profesionalidad hasta el último minuto, intentarían retomar las riendas con un gran equilibrio psicológico y aplomo.

 

Héroes también esa tripulación, que no me cabe la menor duda, que con la profesional complicidad necesaria, obedecieron fielmente las directrices de sus superiores, para proteger a los pasajeros y minimizar los miedos, con palabras firmes, serenas y esperanzadoras.

 

Pasajeros, que como tales ángeles anónimos, completamente indefensos ante una muerte inminente,  no creo que llegaron a tener la certeza completa de que esta llegaba pronto. Y ello, por un doble motivo: uno porque nadie de la tripulación les diría esto y segundo, porque sabedores seguro de la existencia de un “problema”, es humano aferrarse a la vida en situaciones límites y mas en un espacio desconocido del que no puedes huir; seguirían las instrucciones de llevar a cabo las maniobras de seguridad que les fueran dando la tripulación. En situaciones aterradoras de indefensión—como señala  mi amigo Luis Rojas Marcos --, muchas personas luchan por sobrevivir hasta el último segundo, otras enmudecen y se paralizan. Las reacciones pueden ser muchas, tantas como formas de ser tiene el ser humano, pero sin duda en tan poco tiempo, 8 escasos minutos, todo se desarrollaría con calma y lleno de acciones solidarias con los niños, los ancianos o incluso con aquellos que quizás no pudieran controlar sus nervios.

 

Que pasó por sus mentes? ¿en que pensaron? ¿qué sintieron ¿….Seguramente inicialmente incertidumbre y miedo. Son los sentimientos que aparecen ante lo desconocido. Y como acto reflejo, seguir las instrucciones que les dieran, con  grandes muestras de solidaridad, no me cabe la menor duda. Aquellos que fueran creyentes, es posible que iniciaran algún ritual, lo que sin duda les daría paz. Otros elevarían sus pensamientos hacia sus seres queridos, recordándolos con gran amor y sintiéndose unidos en la distancia. Las sensaciones, completamente viscerales de esos 8 minutos son conducidas por la adrenalina y por tanto, el presente se llena de significado y  de una agudeza inmensa. Yo creo que si pudiéramos englobar en una nube los pensamientos de todos los que fallecieron en sus últimos 8 minutos de vida, sin duda habrán sido: “te quiero”, “cuídate mucho”, “se feliz”, “cuida de los niños”, “un beso”….

 

Los familiares y amigos de los fallecidos también son victimas y tendrán que hacer su duelo. El duelo es un proceso de recuperación  y alivio del dolor que como tal requiere un tiempo, un esfuerzo y un trabajo. Unos lo llevaran a cabo solos y otros precisaran de ayuda.  El 14% de las personas a quienes se les muere de repente un ser querido, pueden desarrollar un trastorno mental llamado estrés postraumático. Por ello es vital la atención temprana para todo aquel que lo precise o lo solicite.

 Sin embargo los efectos psicológicos varían de un individuo a otro. Es de gran trascendencia para los familiares obtener una prueba tangible de su final, los cadáveres o sus restos, pues de otra forma el duelo dejaría de ser un proceso normal y podría convertirse en un calvario interminable, llamado duelo patológico o complicado. La necesidad que sienten los familiares de trasladarse al lugar del accidente obedece a ello.

 La muerte de un ser querido, al que has despedido días u horas antes para nunca mas volverlo a ver, es muy doloroso y desconcertante y mas todavía si las circunstancias son desconocidas. El ser humano tiene la necesidad de obtener una explicación para mitigar su dolor y llenar el vacio que ocasiona la incertidumbre, para no retrasar la cicatrización de la herida.

Las preguntas son muchas, pero una martillea las mentes de los familiares: ¿habrá sufrido?....se harán reproches o quizás se culpabilicen por ser ellos los que sigan vivos y no el ser que han perdido…..otros es posible que desarrollen fobias situacionales, lugares u objetos que les recuerden el acontecimiento tan traumático. Todas ellas, respuestas normales a situaciones anormales.

Si queremos ayudar a estas victimas, no nos cansemos de escucharlas. Animémosles a que compartan su dolor con sus seres queridos, respetemos su intimidad, que soliciten ayuda de especialistas si creen que la necesitan …pero al ritmo que ellos mismos nos marquen, de manera que puedan asimilar la realidad, para que pueda llegar a ser un fragmento doloroso, uno mas de sus vidas, para que puedan seguir adelante sin grandes secuelas.